Buda se encontraba trasmitiendo sus enseñanzas a un grupo de discípulos cuando, de pronto, un hombre se acercó a insultarlo, incluso parecía que iba a agredirle. Buda escuchó quieto, en silencio. Ante la expectación de todos los presentes, reaccionó con absoluta tranquilidad e indiferencia. Cuando el hombre se alejó, uno de los discípulos le preguntó: ¿Por qué permaneciste en silencio?
Buda dijo: una vez, caminando por un bosque, me cayó una rama en la cabeza. ¿Qué piensas? ¿Debo responderle a esta rama porqué me cayó?
El discípulo respondió: no se trata de vencer a la rama, pues no tenía deseo de lastimarte, no planeaba caer sobre ti. Fue sólo un accidente natural que estuvieras debajo del árbol cuando cayó la rama.
Buda dijo: cuando alguien me insulta, es lo mismo. Estaba parado allí y este hombre estaba lleno de ira. De no haber sido yo, el hombre hubiera descargado con otra persona, era su naturaleza, y la siguió. Yo también seguí mi naturaleza. En la vida, lo mejor con lo que puedes responder a los insultos es con el silencio, será la mejor defensa. Cuando alguien te insulte, deja que siga su naturaleza y tú permanece siendo la persona que eres. No dejes que la mezquindad de los demás te convierta en alguien que no eres.
Si respondes a la agresión con agresión, le das la oportunidad de justificar su fechoría. Si yo te regalo un caballo pero no lo aceptas, ¿de quién es el caballo? El discípulo, confundido, tras dudar un instante respondió: si no lo acepto, sigue siendo tuyo. Eso es. Nosotros podemos elegir aceptar los insultos o no, como haríamos con cualquier otra cosa. Si lo coges, lo aceptas. Eres luz, eres ejemplo, actúa de forma que puedas inspirar a otros.
