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Clase de yoga aéreo en Laranahata
Tu primer día de clase

Antes de volar.

Una pequeña guía para tu primera práctica de yoga aéreo.

Si estás a punto de probar el yoga aéreo por primera vez, quizá tengas curiosidad, ilusión… o incluso un poquito de miedo. Es normal.

El columpio puede parecer algo extraño al principio y probablemente las primeras veces haya momentos en los que pienses: «¿Y ahora cómo se supone que me coloco aquí?». Tranquila. No necesitas saber nada antes de venir. Yo voy a acompañarte y a explicarte cada paso.

Hay algunas cosas que me gustaría contarte antes de empezar. Algunas son muy sencillas, pero precisamente por eso a veces las olvidamos. Y no son importantes únicamente para tu primera clase: son pequeñas ideas a las que podemos volver una y otra vez durante la práctica.

Escucha tu cuerpo.

Esta es probablemente la más importante. En cualquier práctica de yoga, pero especialmente cuando trabajamos con un columpio, quiero que aprendas a escuchar lo que está pasando dentro de ti.

Tenemos bastante tendencia a vivir desde la mente. A compararnos, a querer hacerlo bien, a conseguir la postura que hace la persona de al lado o a demostrar que podemos llegar un poquito más lejos. Y a veces aparece esa vocecita que dice:

«Venga, un poco más.» «Si ayer podía hacerlo…» «Las demás llegan.» «Tengo que conseguirlo.»
Alumnas descansando en la tela durante una clase de yoga aéreo

Puedes escucharla, pero no siempre tienes que hacerle caso.

Tu cuerpo cambia cada día. Cómo estás hoy no tiene por qué parecerse a cómo estabas ayer, y tampoco sabes cómo estarás mañana. Has dormido diferente, has tenido un día más intenso, estás cansada, tienes agujetas, estás menstruando, estás atravesando algo emocional…

Por eso, en yoga no buscamos imponerle al cuerpo lo que queremos que haga. Buscamos escucharlo y descubrir qué necesita hoy.

Tu respiración es una de tus mejores guías. Si para mantener una postura estás conteniendo el aire, apretando demasiado o sintiendo que necesitas salir de ella, probablemente has ido más lejos de lo que necesitas. Retrocede.

Busca ese punto en el que hay trabajo, movimiento o incluso un pequeño desafío, pero todavía puedes respirar y permanecer presente.

La intención no es salir de clase habiendo hecho más: es salir sintiéndote mejor de lo que has entrado.

Sin comparaciones y sin apego al resultado.

Puede que un día una postura te salga genial y que la semana siguiente no haya manera. Y ahí puede aparecer la frustración: «Pero si yo esto ya lo hacía…».

El cuerpo no funciona como una máquina que va acumulando logros. Cada día llegamos a la práctica con un cuerpo diferente. Por eso te invito a experimentar con el desapego del resultado.

No necesitas conseguir una postura. No necesitas hacerla igual que otra persona. Ni siquiera necesitas hacerla igual que tú misma la hiciste la semana pasada.

Cómo estés hoy es el punto de partida perfecto para la práctica de hoy, y desde ahí podemos explorar.

Alumna dejándose sostener por la tela en La Cueva de Laranahata

Déjate sostener.

Hay algo muy bonito en el yoga aéreo que no encontramos de la misma manera en una práctica sobre el suelo: por unos momentos, podemos dejar que el columpio nos sostenga.

Estamos tan acostumbradas a hacerlo todo por nosotras mismas, a controlar, a sostener, a llegar, a correr… que permitir que algo nos sostenga puede ser una experiencia nueva.

Por eso también me gusta que la práctica sea un espacio para bajar el ritmo. Llegar, sentarte, cerrar los ojos, respirar y no hacer nada durante unos instantes también forma parte de la práctica. No todo tiene que ser movimiento. A veces simplemente necesitamos parar.

Conecta con la sensación de volar.

En nuestro día a día vamos muchas veces con prisas. Todo era para ayer, tenemos mil cosas en la cabeza y estamos constantemente pasando de una cosa a otra. Y de repente llegas a clase y te digo: «Cierra los ojos. Respira. Quédate aquí». Puede parecer sencillo, pero no siempre lo es.

Te invito a utilizar este espacio para volver al cuerpo, sentir, respirar y dejar durante un rato todo lo que no pertenece a este momento.

Moverte con calma, sentir cómo cambia el peso de tu cuerpo, explorar el espacio que aparece cuando el columpio te sostiene y quizás, poco a poco, descubrir esa sensación de libertad que me gusta tanto del yoga aéreo: la sensación de volar.

Y también puedes jugar.

Me encantan las clases introspectivas. Siempre habrá momentos para mirar hacia dentro, observarte y conectar contigo. Pero también me encanta reírme y tenemos un columpio, así que sería una pena no jugar.

En la vida adulta hemos aprendido muchas veces a contenernos, a mantener las formas, a hacer las cosas «como toca». Y, sin darnos cuenta, dejamos muy poco espacio para jugar simplemente porque sí.

En mis clases me gusta recuperar un poquito esa parte: experimentar, probar, reírte si te lías con el columpio, volver a intentarlo, no tomarte tan en serio.

Las primeras clases pueden ser perfectamente un 50 % yoga y un 50 % pelea con el columpio. Y está bien. No tienes que hacerlo perfecto. De hecho, probablemente no lo hagas. Experimenta con la experiencia.

Alumnas invertidas en la tela durante una clase de yoga aéreo

Respira y vuelve despacio.

Hay una indicación que quiero que recuerdes especialmente cuando hagamos inversiones o cambiemos de posición: no tengas prisa por volver a la verticalidad.

Cuando hayas estado boca abajo o en una postura invertida, antes de incorporarte, haz unas respiraciones y vuelve poco a poco. No salgas disparada hacia arriba como un cohete.

El miedo, la emoción, el cansancio o simplemente nuestras prisas pueden hacer que queramos salir rápidamente de una postura. Pero el cuerpo necesita tiempo para adaptarse a los cambios de posición. Respira, muévete despacio y escucha cómo responde tu cuerpo.

Si alguna postura te provoca mareo, náuseas, dolor o una sensación desagradable, avísame siempre. No tienes que aguantar ni demostrar que puedes.

Puedes parar en cualquier momento.

Aunque yo esté guiando la clase, tú eres quien habita tu cuerpo. Si algo no te resulta cómodo, puedes salir de la postura. Si necesitas descansar, descansa. Si tienes miedo, dímelo. Si no entiendes una indicación, pregunta. Y si simplemente necesitas quedarte un momento quieta y respirar, también está bien.

No hay ninguna postura tan importante como para que tengas que hacerla a costa de tu bienestar.

Un espacio para sentir.

El yoga puede ser una práctica muy física, pero también nos invita a prestar atención a cómo estamos. Cuando paramos, respiramos y dejamos de estar tan pendientes de todo lo que sucede fuera, pueden aparecer sensaciones que no esperábamos.

Quizás un día te apetezca llorar. Quizás sientas un nudo en el estómago. Quizás aparezca una emoción que no sabes muy bien de dónde viene. O quizás no sientas absolutamente nada de eso y simplemente disfrutes muchísimo de la práctica. Todo está bien.

No necesitas interpretar lo que sientes ni buscarle un significado. Si aparece una emoción, puedes dejarla salir, respirar, parar si lo necesitas. Y si quieres, puedes contar conmigo.

La clase es un espacio de cuidado y respeto. No tienes que esconder lo que sientes ni demostrar que estás bien todo el tiempo.

Contraindicaciones

Como cualquier práctica física, el yoga aéreo no es adecuado para todas las personas ni para todas las situaciones. Hay determinadas condiciones de salud en las que la práctica debe adaptarse o en las que es recomendable consultar previamente con un profesional sanitario.

Por eso es importante que me informes antes de empezar si tienes alguna lesión, enfermedad, cirugía reciente o circunstancia que pueda afectar a tu práctica. Especialmente si presentas:

  • Embarazo.
  • Hipertensión arterial no controlada.
  • Vértigos o mareos frecuentes. También es importante que me avises si sueles marearte en el coche o en barco.
  • Glaucoma, presión ocular elevada o determinados problemas de retina.
  • Enfermedades respiratorias importantes.
  • Cirugías recientes, especialmente relacionadas con articulaciones o columna.
  • Problemas articulares importantes o episodios agudos de dolor.
  • Hernias u otras patologías de columna o abdomen que puedan requerir adaptación.
  • Procesos infecciosos o respiratorios activos.
  • Antecedentes recientes de ictus, aneurisma, conmoción cerebral u otras afecciones neurológicas relevantes.
  • Desmayos o pérdidas de conciencia recurrentes.

Esta lista no sustituye una valoración médica. Si tienes una condición de salud concreta y no sabes si el yoga aéreo es adecuado para ti, consúltamelo antes de venir y, si es necesario, consulta también con tu profesional sanitario.

En algunos casos podremos adaptar la práctica y, en otros, puede ser más recomendable realizar yoga aéreo terapéutico o esperar a que tu situación física lo permita.

¿Puedo hacer yoga aéreo si…?

Nunca he hecho yoga

Sí. No necesitas experiencia previa. La clase está guiada paso a paso y empezaremos desde lo más básico.

No soy flexible

Perfecto. No necesitas llegar flexible para hacer yoga. La flexibilidad es algo que podemos ir explorando con el tiempo, pero no es un requisito para empezar.

Tengo miedo

También es válido. No tienes que hacer una inversión, una postura o un movimiento que te genere miedo. Iremos progresivamente y podrás ir ganando confianza a tu ritmo.

Soy mayor

La edad, por sí sola, no determina si puedes practicar. Lo importante es cómo está tu cuerpo, cuáles son tus necesidades y si existe alguna condición que requiera adaptar la práctica.

Tengo sobrepeso

Tu cuerpo es bienvenido. El columpio y la estructura están preparados para soportar peso y, sobre todo, trabajaremos buscando que encuentres una forma cómoda y segura de practicar. No necesitas tener un cuerpo concreto para hacer yoga aéreo.

Hago otros deportes

El yoga aéreo puede complementar muy bien otras actividades físicas, especialmente para trabajar movilidad, flexibilidad, conciencia corporal y relajación.

Estoy menstruando

Si te encuentras bien, puedes practicar. Simplemente cuéntamelo si necesitas adaptar alguna postura o si ese día tienes más dolor, cansancio o sensibilidad de lo habitual. No tienes que esconder que estás menstruando ni dejar de practicar por ello.

Antes de venir a clase.

Para que puedas disfrutar mejor de la práctica, te recomiendo:

  • No vengas con el estómago lleno. Lo ideal es dejar aproximadamente dos horas entre una comida abundante y la práctica. Si necesitas comer algo más cerca de la clase, mejor algo ligero.
  • Hidrátate bien y trae agua contigo.
  • Ven con ropa cómoda, que te permita moverte libremente, con camiseta que cubra las axilas y pantalón largo para proteger tu piel y la higiene del columpio.
  • Cuéntame si tienes alguna lesión, dolor, mareos, operación reciente o cualquier circunstancia física que deba conocer antes de empezar.
Cuencos y telas antes de una clase de yoga aéreo en Laranahata

Nos vemos volando.

Si hay algo que quieras contarme antes de tu primera clase (una lesión, un miedo, una duda) escríbeme y lo hablamos con calma.

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