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Ahimsa

Ahiṃsā se compone de a + hiṃsā, siendo “hiṃsā” violencia, daño, etc. y “a” un prefijo de negación, por lo que, literalmente ahiṃsā significaría “no violencia”. En este caso del prefijo “a” de negación tendría un sentido de ausencia o de renuncia, por tanto también podría traducirse como “ausencia de violencia” o “renuncia a la violencia”.

Ahiṃsa es el primer Yama y de alguna manera el más importante en el sentido de que es la base del resto. Dentro de la filosofía del Yoga, los Yama son la base (entendiendo Yoga como el Aṣṭāṅga Yoga de Patañjali).

Tal es la importancia de ahiṃsa que de alguna manera forma parte de la base de la mayoría de tradiciones espirituales orientales y occidentales. Podríamos incluso decir que es la base de una mente y una personalidad sana.

Para poder entender y aplicar este primer Yama, me gustaría preguntarte, ¿qué entiendes por violencia? En el mundo actual, donde tenemos el ojo tan acostumbrado a los actos violentos que hasta podemos estar con el plato delante viendo las noticias con imágenes de una guerra real y poder seguir comiendo tranquilamente, cuesta entender todas las sutilezas de la violencia.

¿Lo primero que has pensado al ver esa palabra ha sido un gran acto violento? guerra, violencia de género, cualquier tipo de maltrato sobretodo a nivel físico… claro. Quizás has ido un poco más allá y has contemplado también los actos violentos a nivel mental y emocional como el bulling, por ejemplo, bien. ¿Te consideras una persona violenta?

Existen 3 tipos de violencia: la primera, la que ejerzo hacia los demás, la segunda, que ejerzo sobre mi y la tercera, la que el resto ejerce sobre mi. Cada una de ellas, además, puede actuar en los 3 niveles: pensamiento, palabra y acción.

Todo empieza en el pensamiento, y todo lo que pensamos va a dejar una huella en nuestro cuerpo, así que si podemos generar pensamientos con Ahimsa, el amor, el perdón y la compasión van a vibrar dentro de nosotros. Ahimsa también es poder perdonar, incluso a aquella persona que te ha hecho un gran daño.

Todo ser tiene derecho a la vida y merece esa mirada con Ahimsa para no dañar, ni con pensamiento, ni palabra, ni acción. La violencia surge del miedo, la debilidad y la ignorancia. Cuando conseguimos conectar con el amor, esta mirada violenta desaparece. Cuando podemos mirar las situaciones y personas desde un punto de vista de observación y no desde un juicio, podemos sentir amor y compasión por cualquiera de ellas. Es fácil caer en las etiquetas y tenemos tendencia a que la mente nos lleve a malpensar o interpretar, pero entrenando la mente podemos encontrar ese espacio de amor, donde generar esa mirada neutra de la situación o la persona, y poder practicar Ahimsa.

Suele pasar que, en este camino de consciencia donde nos damos cuenta que aunque nos consideramos personas no violentas, vemos que sí ejercemos violencia sobre otros, entra la culpa por la puerta grande. Es normal, pero te invito a que puedas soltarla y cambiarla por responsabilidad. Tomar consciencia, asumir acciones internas y externas y ser responsable de ella y sus efectos. Consciencia + acción = responsabilidad.

Ten presente que ahora tampoco vamos a poder cambiar el mundo de golpe, y habrá muchas cosas que se escapen completamente de nuestro control, pero me gusta creer que si todas y cada una de las almas que habitamos este planeta nos diéramos tiempo y energía para reflexionar sobre esto y tomar acciones concretas, viviríamos en un lugar con mucho más Ahimsa, ¿no crees?

Tomar consciencia de nuestras acciones y responsabilidad implica estar más alineada con tus valores y por tanto conectar con la paz. Si realmente hemos tomado consciencia de algo y sentimos que se desajusta con nuestro sentir, no cuesta tomar decisiones para el cambio, el impulso interno es tan poderoso que nada puede detenerlo.

¿Te sumas al camino de la no violencia?

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