El 21 de diciembre celebramos el solsticio de invierno, el día con menos luz del año, este fenómeno cósmico que desde la antigüedad ha estado cargado de simbolismo y magia y es un momento adecuado para resintonizar nuestros bio-ritmos con el renacer de la luz: el sol vence a la oscuridad. Los días se harán más largos que las noches, hasta que llegue el solsticio de verano, y entonces la oscuridad vuelva a vencer a la luz. Un ciclo, una pulsación eterna y constante, que pone de manifiesto la luz y la oscuridad como parte de un todo.
Momento único…
El Sol entra en Cáncer, el signo regido por la Luna, tradicionalmente asociado con la tribu, la familia, el fondo del alma, lo íntimo. Podría ser un buen día o una buena semana para entrar en contacto con esa frecuencia.
La entrada del invierno invita a recogerse y a mirar qué está pasando por dentro. La energía está bastante bajita, por lo que esta época se basa en el descanso y en la restauración, en la hiberación; como hacen muchos animales y plantas.
Nos entra más pereza, nos apetece pasar más tiempo en casa en el sofá con la manta… y eso está maravilloso. No obstante, hay que tener en cuenta que si abusamos de ello, nos va a perjudicar: nuestro sistema inmune no va a estar tan fuerte, vamos a sentir más frío y es posible que nos conectemos más fácilmente con la melancolía y la pena.
¿Y qué podemos hacer?
1. Revisión y limpieza
Con nuestro Ritual vamos a ir sintonizándonos con la naturaleza, con ese viaje etapa por etapa para dar la bienvenida al invierno y renacer con él, alineándonos con las energías sutiles que nos rodean, con la tierra, con el sol y con nuestro objetivo vital, nuestro propósito de vida.
Es un momento ideal para honrar los procesos del alma, revisar lo que hemos pasado durante este año y convertirlo en lecciones para aprender de ello; qué cosas hemos dejado atrás durante el año y ya no queremos que nos sigan en este nuevo ciclo.
El elemento de este ciclo es el agua, para fluir y adaptarnos a la situación, prestar atención a nuestros sueños, nuestros deseos y dejar ir emociones y situaciones no resueltas.
2. Decide cuál va a ser tu semilla
Con el frío invierno, las semillas se prepararán para brotar. Aunque no te hayas dado cuenta, o no hayas sido consciente de ello, a lo largo de todo este tiempo has cultivado semillas que han crecido nutridas con tus pensamientos, con tus palabras y con tus acciones y, de ellas, has ido obteniendo todos los frutos que ahora estás recogiendo (los dulces y los amargos).
Igual que los famosos propósitos de año nuevo, esta época es ideal para plantearte un cambio, pero de verdad, nada de gimnasios ni dejar de fumar (¡que también!); sino qué transformación real quieres ver en tu vida, llevando la mirada hacia el interior.
En el camino del Yoga, aprendemos a mirar nuestras luces y nuestras sombras, para descubrir quiénes somos realmente, cuál es nuestra verdadera esencia. Como en esta etapa invernal, ahí donde había oscuridad, damos luz y donde había luz, dejamos que penetre la oscuridad. Un juego cósmico que sucede en todos los niveles de la existencia.

Puede que no te hayas dado cuenta, o no hayas sido consciente de ello, pero ahora, ahora mismo, te invito a que seas tú quien decida cuál será la próxima semilla que cultivarás, que nutrirás y que cuidarás, para verla crecer, desarrollarse, florecer y por último, ver cómo se transforma en un dulce fruto cargado de semillas que podrás esparcir y compartir con los demás.
3. Mímate, pero con consciencia
El invierno y las fiestas son un buen aliado de las excusas y los antojos, rodeados de bombones, turrones y demás. Sin embargo, no permitas que se convierta en un aumento de peso descontrolado.
Te invito a que en estas fechas pruebes a alimentarte de forma consciente, evitar los atracones y escuchar a tu cuerpo. Siempre hay un momento que te dice que debes parar, aunque te mueras de ganas de darle otro bocado a ese chocolate que tienes delante.
¿Qué tal si realmente te paras a pensar en comer mientras estás comiendo? Muchas veces estamos tan con el piloto automático que vamos haciendo sin prestar atención ni disfrutar de lo que está pasando en el presente. ¿Qué te parece comer y simplemente prestar atención a eso? Córta con presencia, huele, saborea, mastica con calma, permítete gozarlo y verás como la necesidad de engullir indiscriminadamente se reduce.
4. Mantente caliente, aleja las infecciones y combate la tristeza
¿Todo en el mismo pack? Pues sí. Tengo el remedio infalible para ello. Ya sabes, ¿no? ¡¡YOGA!!
El Yoga en esta época es crucial, y seguramente te va a dar pereza desenroscarte de la manta, ponerte la ropa, ir a buscar la esterilla, y venga, inhala, exhala…
¡Pero es lo mejorcito que puedes hacer! No hace falta que sea cada día ni que cada vez tengas que estar dos horas practicando, pero una cierta rutina te va a ayudar a mantener ese calorcito interno que necesitamos en invierno. Tanto la práctica de asanas (posturas) como de pranayama (respiraciones) te ayudará a mantener y fortalecer tu sistema inmune y te ayudará a combatir la melancolía; haciéndote sentir bien con vida y en agradecimiento.
Después de tantas horas de hacer el oso, te garantizo que tu cuerpo va a agradecer esa movilidad y vas a crujir como un fruto seco pero… ¡qué gustito después! ¿O no?
Mi copito de nieve
Lo sé, es que granito de arena no me encajaba con tanto discurso invernal. Te he preparado una variante de Surya Namaskar (Saludo al Sol) que es de lo mejor que tenemos en yoga para calentar el cuerpo, estirarlo enterito y comernos el día.
En esta ocasión, te presento una variante del Surya Namaskar C para que puedas practicar con el columpio, para divertirte, y trabajar con un poco más de intensidad.
Esta variante la puedes realizar igualmente sin el columpio y con esta práctica de 8 minutitos al día, ya puedes notar el cambio en tu cuerpo y en tu mente.
Y como siempre…
Comparte qué te parece este pequeño ritual y homenaje a la entrada del invierno. Si te apetece compartir tu semilla, tu sensación con la práctica o cualquier cosa que te he contado en este post, me encanta leerte.
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¡Te abrazo!
